Logan

“Logan” muestra que a los héroes también les llega el ocaso. Y lo hace conducido por James Mangold, que es un director al que le gusta el cine clásico, aunque lo cite con algo de ligereza y casi al tuntún. Es curiosa la apelación a “Shane, el desconocido”, de George Stevens, película que ensalza el mito del hombre de las praderas y se pone a resguardo de cualquier visión apologética del uso de las armas, en esta aventura postrera de Wolverine que tiene más crepúsculos que amaneceres. Y que se fascina hasta la exaltación con los zarpazos del lobezno y de su pequeña compañera, al revés de lo que ocurría con la templanza inculcada por Alan Ladd a Brandon de Wilde cuando el pequeño empezaba a sentirse el rey del colt y la carabina.

Por eso, discrepando con los lemas marketeros, de western clásico aquí hay poco, por más horizontes lejanos que registre la cámara.  Y menos del western terminal de los sesenta, donde a los héroes se les veía tan viejos y cansados que eran incapaces de dar un batacazo. Por más que Mangold quiera proyectar sobre su película la sombra de Alan Ladd, ella no le alcanza.

Más bien, el periplo de este Wolverine convertido en hombre de la frontera recuerda a esas cintas polvorientas y mugrosas que protagonizó Warren Oates en los sesenta y setenta. Pero donde Oates rezumaba alcohol del fuerte, tequila y quién sabe qué sustancias más, Hugh Jackman luce reencauches anabólicos y la expresión de transitar por un Gólgota permanente. Donde encontrábamos senderos sinuosos y recorridos inciertos –y no pienso solo en “Traigan la cabeza de Alfredo García”, sino también en “Gallero” y hasta en “Carrera sin fin”-  aparecen las cosméticas fotográficas, los colores filtrados y los ocres de Hollywood.  Y donde la violencia mostraba sus costados delirantes y viscerales, con los antihéroes lanzados en un recorrido de pura autodestrucción, aquí la hallamos pautada, cronometrada y normalizada.

El mérito de este “Logan” es su voluntad de escapar del molde de las películas de superhéroes de Marvel. No es colorida, ni festiva, ni luce el despliegue de efectos especiales de otras. Por el contrario, es oscura, violenta y transcurre en paisajes agrestes. Sus límites son los que saltan de la fórmula y el recetario. La larga agonía del buen Hugh está ritmada por lo que todos esperan: sin falla, a cada tanto, relucen los navajazos propinados por “el mayor” y “la menor”.

Ricardo Bedoya

One thought on “Logan

  1. Es chocante por inconsistente ver la fuerza y la violencia casi gratuitas con la que actúa la niña mutante. No lo digo por desconocer la saga ni la historia de la propia película sino por la falta de gradualidad. Y si bien esto puede ser entendido como que me aferro a un cliché, lo cierto es que Mangold y sus productores, quizás con la venia de Marvel, estaban muy apurados en darle salida al Wolverine de Hugh Jackman y al Xavier de Patrick Stewart y a la vez asegurar la continuidad de la saga con nuevos personajes que representan más de lo mismo. La idea de fondo del cómic, es decir, la discriminación de las minorías con habilidades diferentes, siempre me ha parecido genial pero esta película redondea su propuesta en forma apresurada y trillada.

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