Aquarius

“Aquarius”, del brasileño Kleber Mendonça Filho, se está exhibiendo en la sala del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica. Oportunidad para ver una de las películas latinoamericanas más logradas del año pasado. Aquí va, con pequeños cambios,  el comentario publicado en el blog cuando se exhibió en el Festival de Lima.

“Aquarius”, de Kleber Mendonça Filho, tiene como protagonista a Clara (Sonia Braga), crítica musical que pasa sus días en soledad, escuchando viejos vinilos, marcada por el trauma de un cáncer superado hace algunas décadas. Ya no la impulsa la ansiedad por gozar de la vida, pero no renuncia a lo que ella aún pueda darle. Vive en el Recife de hoy, una ciudad que se transforma y afea, para beneficio de los traficantes inmobiliarios.

Una secuencia ambientada en el pasado abre la película: es el cumpleaños de una tía de Clara. Los más jóvenes de la familia lo celebran. Mientras proclaman las virtudes de la vieja dama, unos flashes la muestran, joven y lozana, gozando del sexo con total desenfado. Momento clave: en “Aquarius” el tiempo pasa y corroe, pero la memoria está intacta; la estirpe manda; la sensualidad es un recuerdo indeleble. Clara, como las mujeres de su familia, mantiene en algún lugar de su cifra genética las reservas de la libertad y del placer.

Mendonça Filho, un director que sabe lo que hace sin apelar a los alardes estilísticos, cambia el registro de “Los sonidos alrededor”, su filme anterior: lo concentra, lo afina y decanta. Los mejores momentos de la película son aquellos que muestran las rutinas de la mujer, sus ocios y apacibles frustraciones, sus gestos laxos, los momentos en que se confronta con ella misma, se baña en el mar, mira viejas fotos, comprueba que su entorno ya no es el mismo y que su pequeño mundo es como un reducto de civilización en medio de ambiciones inmobiliarias y conflictos familiares.

En el centro de ese registro de lo íntimo y lo inmediato está el cuerpo de la actriz Sonia Braga y los espacios físicos que recorre. Cuerpo minado por una enfermedad y atacado por el tiempo, pero desafiante, erguido, impetuoso. Es el cuerpo que baila al son de una canción de Roberto Carlos o el que impone su belleza, con el pelo recogido en moño, entre sus amigas de toda la vida. “Aquarius” es un homenaje al talante de Sonia Braga; es un documento sobre su presencia, su voz y su mitología, central en la cultura popular brasileña desde los años setenta.

A diferencia de “Gloria”, de Sebastián Lelio, perfil de una mujer de edad similar a la de Clara, en “Aquarius” la búsqueda de los afectos queda en segundo plano.  Las tensiones familiares y las relaciones con los hombres no son elementos centrales en la trama. Son líneas que dibujan el retrato de Clara y lo insertan en un espacio social que descubrimos progresivamente. Clara se perfila en el paisaje de un Brasil corroído por termitas. Paisaje que, acaso, esté a punto de perder su nitidez, desvaneciéndose como el mundo de libertades y desafíos en el que vivió la tía de Clara. Un lugar que ya no existe.

Ricardo Bedoya       

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