Sobre el cine de Mary Jiménez

Este sábado, a las 7 de la noche, en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, la cineasta Mary Jiménez conversará con el público luego de la proyección de “Sobre las brasas”, como cierre del ciclo que Transcinema ha dedicado a su obra.

Sobre Mary Jiménez se viene escribiendo una tesis en Barcelona. La tesista es Ana Carolina Quiñonez Salpietro, que comparte con el blog algunos párrafos de la investigación que viene realizando sobre tres películas de la autora. La tesis se realiza para obtener el Máster en Estudios de Cine y Audiovisual Contemporáneos de la Universidad Pompeu Fabra. 

 

“Du verbe aimer, Loco Lucho y Face Deal son películas con tratamientos, tonos y ritmos distintos. Las dos primeras están filmadas sobre soporte analógico y aparecen como montajes donde las imágenes en blanco y negro contrastan con aquellas tratadas con filtros de color. Las fotografías antiguas conviven con fotografías más modernas, con tomas de películas anteriores de la realizadora, con imágenes del Perú durante la difícil década del ochenta, marcada por la crisis económica y el conflicto armado interno, y vistas de espacios en Lima que simbolizan el encierro y la decadencia como el hospital psiquiátrico o las habitaciones de la casa de Mary en Bruselas y con varios paisajes abiertos como los ríos de la Selva y las orillas de las playas de la costa peruana.

Du verbe aimer importa como testimonio y reflexión, pero también por su dimensión poética. Jiménez usa recursos como la metáfora, el símil y la reduplicación, como cuando repite la palabra “madre”. Es como si la voz en off sustituyera el lugar que ocupa la música en las películas. El filme se inicia con unas imágenes de desgarros y batas de hospital de una película pasada de Jiménez, donde la pulsión tanática recuerda a los mundos creados por la poeta argentina Alejandra Pizarnik y la americana Sylvia Plath. La fantasía suicida es contrapuesta con una reflexión, donde la creación artística es comparada con el alumbramiento de un hijo [...] 

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En Loco Lucho, la voz en off resalta el ajuste de cuentas con el Padre: “Ella no se te murió, papá. A ella sí la salvaste. Y para salvarla completamente. La adoptaste”. Pero también sirve para ahondar en el costado entrañable del padre: “Sabes, papá: Mis amigos te llamaban Loco Lucho. Eso no ha cambiado”. La vitalidad del padre fascina a Mary, pero también la crispa porque impulsa las decisiones impredecibles, a contracorriente de la mojigatería limeña de las clases acomodadas. Lucho adopta como hija a su amante: una empleada del hogar. En el Perú, la condición de una “empleada doméstica” connota una serie de imaginarios vinculados con las diferencias clasistas y el desdén por el “otro”, motivado por el racismo profundo que subsiste en la sociedad. El acto de Lucho es un gesto “escandaloso” que despierta sospechas y murmuraciones. La película registra la mirada de desconfianza que le inspira Lady a la directora. Cerca del final,  la voz en off de Jiménez nos dice que ella acepta y reconoce el lado luminoso de las contradicciones de su padre: “Para aprender a amar como tú has amado”.

Loco Lucho busca conocer qué persona es el padre de Mary, pero no para tener una respuesta, sino para plantearse más preguntarse sobre su relación con él y sobre ella misma.  Como en Du verbe aimer y Face Deal, Loco Lucho no tiene una conclusión o cierre. Sin embargo, la voz en off deja constancia de la reconciliación, que en términos de Mary Jiménez significa seguir escarbando en la historia no oficial de su familia: “Papi: dice mi tío que cuando hubo la guerra con Chile, tu mami se asustó y se enfermó de paludismo. Tú naciste a los siete meses, muy pequeñito. La cuna que te hicieron no servía. Entonces te pusieron en una caja de zapatos. Mi abuela no podía darte de lactar, pero sus amigas resolvieron el problema trayéndote todos los días pequeñas cantidades de leche, lo que ellas podían dar. Y de distintos sitios llegaban vasitos chiquitos. La que menos podía dar te lo traía en un dedal. Te hizo bien”.  Jiménez le da la vuelta a la anécdota. La saca a la luz para sugerir que acepta la sexualidad, el romanticismo (de adoptar a Lady para no dejarla desamparada y de hacer lo mismo por la segunda hija que tiene) y el pragmatismo de sus acciones (ser el intermediario en la adopción del primer hijo de Lady) y la intrepidez que se confunde con imprudencia, que aún no lo comprende, pero está dispuesta a seguir intentándolo [...] “

Ana Carolina Quiñonez Salpietro

 

 

 

 

 

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