Viejo calavera

Mañana. sábado 1 de abril, en Cine Medium, se estrena una notable película latinoamericana: “Viejo calavera”, del boliviano Kiro Russo. La información la tienen aquí.

Este es un comentario que publiqué en este blog hace algunos meses.

“Viejo calavera”, del boliviano Kiro Russo, crea un mundo propio que se posa con un pie en la observación etnográfica y con el otro en la representación estilizada y áspera de la vida en la mina y el socavón.

Aunque la trayectoria de Elder Mamani articula el relato,  el interés de “Viejo calavera” no se concentra en el retrato de este singular personaje. Elder es el guía que nos conduce por  un mundo de sombras, de auténtica fibra expresionista,  que Russo modela en secuencias sueltas, con la cámara en trávelin penetrando en espacios desconocidos y amenazantes.

Sin duda, el tenebrismo que encontramos en la obra de Pedro Costa encuentra réplica aquí. Pero en clave de fluidez y movilidad constantes. Una de las primeras secuencias de la película describe el rito mortuorio de un minero fallecido. Le preceden los lamentos de los deudos y ese clima luctuoso marca el temperamento del filme. Un plano secuencia liga el paisaje nocturno, que vemos con gran profundidad de campo, con el interior del lugar donde yace el cadáver. Ambiente mórbido, de superficies rugosas. En la banda sonora, los susurros crean una impresión de congoja, a la vez auténtica y tan construida como la apagada vibración de las voces que nos predisponen a la aparición de lo fantástico en los filmes de Jacques Tourneur. 

Todo se mueve en esa alternancia entre espontaneidad y preparación; entre naturalismo y artificio; entre registro directo y minuciosa configuración de la luz y los encuadres. Entre la nítida impresión de realidad y la vocación formalista.

La construcción del relato no sigue las reglas estrictas de la causalidad. Prefiere deslizarse entre episodios heterogéneos con el fin de captar lo que parecen hallazgos repentinos: el enfrentamiento entre dos grupos de mineros que intercambian insultos en tono entre agresivo y jocoso; cuerpos que se enfrentan en un combate al estilo oriental; escenas de borrachera y discusiones; registro del trabajo de las máquinas y el movimiento de sus engranajes en un tipo de montaje que evoca el cine soviético o la secuencia de la desnatadora en “La Línea general”, de Eisenstein.

Uno de los aspectos más novedosos y fascinantes de “Viejo calavera” es el modo en que se desmarca de los tratamientos tradicionales del mundo minero en el cine de América Latina. Quedan excluidos los acentos miserabilistas y proselitistas, los discursos redentores y las tipologías sociológicas. En la vibración de los planos se halla, sin embargo, una mirada crítica que descubre las contradicciones, las tensiones de clase, el horror y la dureza de ese mundo  y la alienación de sus trabajadores, sometidos a la ambivalente o esclavizante cultura del alcohol.

 

Ricardo Bedoya

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