Películas preferidas de 2017: Ricardo Bedoya

2017 se recordará como un año clave para el cine: las plataformas digitales se consolidan y grandes cineastas empiezan a crear “contenidos” para las “otras” pantallas. Netflix, la cada vez más poderosa empresa de servicio de streaming, pisó la alfombra del Festival de Cannes con más de una producción y tiene entre manos “La otra cara del viento”, filme póstumo de Orson Welles, el título más esperado de los últimos cuarenta años, que se verá al fin en 2018 luego de un proceso de recuperación.

El cine creativo de hoy migra hacia plataformas distintas y todo tipo de pantallas, ya que las salas tradicionales solo admiten las apuestas seguras. Un ejemplo local: los cines de Lima programan más de cuatrocientas funciones diarias de “Star Wars”: Los últimos Jedi” en su primer fin de semana de exhibición. El copamiento es sofocante y ya no solo se produce entre mayo y agosto, temporada  de los “blockbuster” en el verano del hemisferio norte. Ahora se extiende hasta Navidad, dejando resquicios para todo aquello que no provenga del Hollywood espectacular. Eso explica la pobreza de la cartelera peruana.

En 2017, el estreno más atractivo fue “La ciudad perdida de Z”, de James Gray, narración de los  viajes de Percy Fawcett por la Amazonia y  un retrato de su fiebre aventurera y sus conflictos íntimos. Le siguieron en interés “Silencio”, de Martin Scorsese, “Nada que perder”, de David McKenzie, “¡Huye!”, de Jordan Peele, “Tony Erdmann”, de Maren Ade, “El seductor”, de Sofia Coppola. Luego, “Dunkerque”, de Christopher Nolan y “Blade Runner 2049”, de Dennis Villeneuve. 

Los festivales de cine son los espacios de resistencia cinéfila que permiten ver el “otro” cine en pantallas grandes. En el Festival de Lima de la PUCP, en la reciente Semana del cine de la Universidad de Lima, en Lima independiente, en Transcinema, en el festival de cine europeo y en Al Este de Lima pudieron verse los mejores títulos del año: “Adiós al lenguaje”, de Jean-Luc Godard, “En la playa sola de noche”, de Hong Sang-soo, “El auge del humano”, de Eduardo Williams, “El día después”, de Hong Sang-soo, “Dawson City, tiempo congelado”, de Bill Morrison, entre otros. El desafío que tienen esos festivales es mantenerse, crecer y lograr que su programación se proyecte en otras regiones del país. En algunas de ellas, como en Chiclayo, Ayacucho, entre otras ciudades, también se realizan festivales. Lo importante es ampliar la convocatoria de todos esos encuentros para que se afirmen como espacios con la capacidad de impulsar aficiones.

El cine peruano pasa por una zona de turbulencias, con el presupuesto recortado y un proyecto de ley que va al garete de la inestabilidad política actual. Si el Estado no se decide por crear un fondo para el cine, manejado de modo profesional, sus recursos anuales quedarán a expensas de los humores políticos que afloran en cada debate del presupuesto anual, como se vio este año luego de la inefable intervención de la congresista Chacón, despotricando por el apoyo a las “películas independientes” (sospecho que quiso decir “ películas caviares”, término que escarapela a tantos políticos cuando intuyen que su discurso está amenazado por la libertad expresiva del cine y el ejercicio crítico de la memoria a través de él)     

Desinflada la burbuja de la ilusión industrial que pareció impulsar el éxito de “¡Asu mare!” y “¡Asu mare! 2”, y de la fantasía de ver filas de más de un millón de espectadores ante cada comedia protagonizada por figuras de la televisión, este año nos encontramos con proyectos ambiciosos que obtuvieron resultados económicos por debajo de lo esperado (como “Avenida Larco”) y algunas películas de nulidad expresiva sin atenuantes (“Gemelos sin cura”, la penosa “La paisana Jacinta”), que retrotraen al cine peruano a la época de las cavernas. También figuran algunos éxitos de taquilla, es verdad, como “Once machos” y “Cebiche de tiburón”, ambas fallidas.

Pero más preocupante es la exhibición marginal que siguen recibiendo las mejores películas peruanas. Ocurrió con “Rosa Chumbe”, “[wi:k]” y “La última tarde”, que esperaron muchos meses para llegar a la cartelera. “Wiñaypacha”, del puneño Óscar Catacora, el descubrimiento de 2017, quién sabe si logrará estrenarse.

Emilio Bustamante hizo notar un problema observado en las convocatorias de los concursos de DAFO: “Han sido premiados proyectos presentados por empresas que se domicilian en regiones (acatando así lo estipulado en las bases) pero que no tienen mayor actividad en estas y que, inclusive, parecen creadas con el fin específico de postular a los concursos del Ministerio de Cultura. Varios de los proyectos premiados, además, presentan como directores a cineastas que no viven ni trabajan en las regiones.” Es una observación que debe tomarse en cuenta en adelante. Emilio sugirió una solución: “Creemos que, dadas las circunstancias mencionadas, deberían modificarse las bases de los concursos, estableciendo en ellas como requisitos que el director del filme propuesto y un porcentaje mayoritario del personal residan y trabajen en la región.”

Una fuerza del cine peruano actual está en el campo del corto y el mediometraje. En 2017 destacaron los nombres de Paola Vela, Mateo Krystek, Hans Matos, Alejandro Roca Rey, María José Moreno, Carmen Rojas Gamarra, entre otros.

 

Preferidas de 2017. La indicación “estrenada” refiere a las multisalas; “exhibida”, a su proyección en muestras o festivales peruanos. Si no se indica, quiere decir que la vi por otras vías (DVD, Blu-Ray, plataformas, fuera del país)

Excepcionales

Adiós al lenguaje (Adieu au langage), de Jean-Luc Godard (exhibida)

On the Beach at Night Alone (Bamui haebyun-eoseo honja), de Hong Sang-soo (exhibida). En la foto

La ciudad perdida de Z (The Lost City of Z), de James Gray (estrenada)

El auge del humano, de Eduardo Williams (exhibida)

The Day After (Geu-hu), de Hong Sang-soo (exhibida)

L’amant d’un jour, de Philippe Garrel

Dawson City, Frozen Time, de Bill Morrison (exhibida)

 

Notables

Yourself and Yours (Dangsinjasingwa dangsinui geot), de Hong Sang-soo (exhibida)

Braguino, de Clément Cogitore

Baronesa, de Juliana Antunes (exhibida)

Zama, de Lucrecia Martel (exhibida)

El limonero real, de Gustavo Fontán  (exhibida)

Nada que perder (Hell and High Water) , de David Mackenzie (estrenada)

Dum spiro spero, de Pero Kvesić (exhibida)

Silencio (Silence), de Martin Scorsese (estrenada)

Cocote, de Nelson Carlo de Los Santos Arias (exhibida)

A Quiet Passion, de Terence Davies

El ornitólogo (O Ornitólogo), de João Pedro Rodrigues (exhibida)

La telenovela errante, de Raúl Ruiz (exhibida)

La mort de Louis XIV, de Albert Serra (exhibida)

Le parc, de Damien Manivel (exhibida)

Western, de Valeska Grisebach (exhibida)

Playing Men, de Matjaž Ivanišin (exhibida)

Llega de noche (It Comes at Night), de Trey Edward Shults (exhibida)

Tony Erdmann, de Maren Ade (estrenada)

¡Huye! (Get Out!), de Jordan Peele (estrenada)

El seductor (The Beguiled), de Sofia Coppola (estrenada)

A fabrica de nada (Pedro Pinho)

En el intenso ahora (No intenso Agora), de João Moreira Salles(exhibida)

Golden Exits, de Alex Ross Perry (exhibida)

Brawl in Cell Block 99, de S. Craig Zahler

Estiu 1993, de Carla Simón

Pinamar, de Federico Godfrid (exhibida)

A ciambra, de Jonas Carpignano (exhibida)

Rosa Chumbe, de Jonathan Relayze (estrenada)

Wiñaypacha, de Óscar Catacora (exhibida)

 

Nota:

La mejor película que vi este año fue “Los senos eternos” (“Chibusa yo eien nare”, 1955), dirigida por la actriz y realizadora Kinuyo Tanaka. Sin duda, un melodrama esencial, una de las mejores películas (si no la mejor) realizada por una cineasta, y uno de mis filmes preferidos.

Otros grandes títulos vistos este año por primera vez: “Le joli mai (1963), de Chris Marker y Pierre Lhomme, “Too Late for Tears” (1949), de Byron Haskin, “Woman on the Run” (1950), de Norman Foster, “Los niños de la colmena” (“Hachi no su no kodomotachi”,1948), de Hiroshi Shimizu, entre algunos otros.

Ricardo Bedoya

2 thoughts on “Películas preferidas de 2017: Ricardo Bedoya

  1. Un recuento y una lista excelente Ricardo Bedoya. Habría que aclarar nomás para los poquísimos que no se enteraron, que “Adiós al lenguaje” se exhibió en 3D en la U de Lima. Y en ese formato su propuesta marca la diferencia.

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