The Post. Los oscuros secretos del Pentágono

Dos notables películas en la cartelera: “Zama”, de Lucrecia Martel (comentario aquí), y “The Post. Los oscuros secretos del Pentágono”, de Steven Spielberg.

Son muy distintas. Todo parece separarlas, pero tienen un punto en común: el rigor de la puesta en escena y el trabajo expresivo sobre el encuadre, el montaje y la banda sonora. Más allá de los “temas”, ambas películas establecen un punto de vista sobre el mundo representado. Lo hacen potenciando las tensiones visuales, la importancia de los espacios (en las superficies y los fondos), las angulaciones, la disposición de las fuentes luminosas.

Algunos ejemplos tomados de “The Post”. El primer encuentro entre los personajes de Kay Graham (Meryl Streep) y Ben Bradlee (Tom Hanks). Están en un restaurante, aún ignorantes del conflicto en el que se involucrarán en defensa de la libertad de expresión. Un largo plano de conjunto establece la situación, antes de fraccionar el espacio en planos/contraplanos. La luz viene del fondo. Las ventanas filtran un resplandor. El contraluz se perfila. Los personajes están de costado a esa luz que no enfrentan todavía o que no pueden mirar de frente. Como los periodistas de Ciudadano Kane, luego de la proyección del documental sobre la vida del magnate, parecen darle la espalda a la verdad, sumidos como están en los tejemanejes del sistema político, del que son eco.

Otro. Bradlee visita a Graham en su casa. Ella prepara una recepción y su nieta juega con una pelota. El encuadre marca las fronteras entre dos espacios: el privado (la mesa del comedor puesta en una habitación) y el público, introducido por los asuntos que lleva en consulta el editor. Es el conflicto central de la película: la gravedad de los asuntos públicos penetran y alteran la intimidad del personaje de Graham, modelado por la tradición patriarcal. Esa tradición que impregna el entorno visual. Las salas de reuniones, de colores apagados, como los ternos de los directores, asesores y consejeros. Un mundo masculino y opaco en el que resalta la presencia de Graham, en torno de la cual se arremolinan los hombres del poder. Spielberg conduce a Streep hasta en el mínimo detalle, desde el color de sus vestidos, siempre en contraste con los tonos dominantes en las salas de directorios, hasta las modulaciones de la voz, la dirección incierta de sus miradas y la entonación al tomar decisiones. Las palabras decisivas no resuenan ni se dicen con tono enfático. Streep las pronuncia de modo casi confidencial, como si no hubiese despejado su incertidumbre, como si hablase en la intimidad. La modulación de lo privado se impone hasta en los momentos decisivos del gesto público. Al final, a su salida de la corte de justicia, el silencio la vincula con el grupo de mujeres que la observa alejarse. Una tradición se ha quebrado y Graham camina, segura, fuera de los sombríos espacios masculinos.

Otro ejemplo más. El momento de la decisión de imprimir o no la información que el poder pretende vetar. La cámara se eleva sobre la figura de Streep y el montaje alterna a los personajes que cruzan opiniones por teléfono. En el centro, como un núcleo poderoso, está el personaje de Graham mostrado en picado casi perfecto. El momento es climático. La alternancia de espacios impuesta por el montaje -funcional y limpio- y la angulación alta adquieren un valor doble, de orden narrativo y emocional. Dan cuenta de las presiones en torno de la propietaria del diario y alientan el suspenso que atrapa la atención de los personajes que esperan la respuesta y la de los espectadores. En seguida, en la secuencia siguiente, la cámara se pone a la altura normal y registra el trámite de la publicación. Los trávelin de seguimiento a los personajes que llevan el texto, que pasa de mano en mano, describen el ambiente y alimentan la ansiedad del momento.

Un ejemplo final. Bradlee informa a Graham que las informaciones sobre los secretos del Pentágono han sido publicados por muchos diarios de todo el país. Luego de la tensión, el júbilo. La angulación se invierte. El picado intencionado sobre la figura de Streep y el montaje que unifica lo disperso se convierten en un ángulo bajo que ubica a los dos personajes en su entorno natural, aquel que han defendido, y en un encuadre que sintetiza su unión. Ahora sí están iluminados con nitidez.

 

Ricardo Bedoya

One thought on “The Post. Los oscuros secretos del Pentágono

  1. Me gustaria que explique lo “notable” de la pelicula. Esos tres ejemplos que menciona sobre la puesta en escena son los puntos altos de la pelicula. Sin embargo a mi entender Spielberg cae (como muchas veces) en el didactismo, discurso triunfalista y melodrama afectando seriamente la narrativa.

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