Octavo Festival del Cine Francés: Bárbara

Empieza el Octavo Festival de Cine Francés. El título más notorio es “Bárbara”, una apasionante película dirigida por el actor Mathieu Amalric. Iremos comentando las películas más atractivas de esta edición del festival.

“Bárbara” tiene una consistencia inmaterial, flotante, casi fantasmal. Todo se mueve entre una representación y la memoria de esa misma representación. Entre las referencias concretas al personaje de Bárbara, esa figura mítica de la canción francesa, y su evocación imprecisa y fragmentaria. Entre los trajines de la filmación de una película y las asociaciones libres de los recuerdos de la vida de la cantante. Entre las imágenes de lo “real” y su reconstrucción casi vaporosa o espectral. Entre la linealidad de una trayectoria vital y artística ya cerrada, y el laberinto que supone el “darles vida”. Entre la continuidad que exige el relato biográfico y la quiebra de la causalidad propuesta por Mathieu Amalric. Entre los incidentes de la película que vemos y los entresijos de la preparación de esa misma película. Entre los afanes de una actriz que interpreta a otra actriz que, a su vez, interpreta a una cantante, y el actor que interpreta a un director que es también realizador y que hace de un cineasta en pleno rodaje. Dinámica especular, puesta en abismo y ficción sobre la ficción.

“Barbara” está en las antípodas de cualquier intento de ilustrar la vida de un personaje célebre, digamos de un título como “Las horas más oscuras”. No le interesa representar los momentos cumbre de una vida, ni repetir en voz alta las frases que marcaron una trayectoria.  La actriz Jeanne Balibar no “encarna” a la famosa Bárbara. Al menos, no lo hace de la manera en que Gary Oldman se apodera de Churchill o Daniel Day-Lewis de Lincoln. Balibar se representa a sí misma en el trance de evocar a la estrella. Mathieu Amalric filma a Balibar como si estuviese haciendo un documental sobre ella como intérprete y como presencia escénica (Pedro Costa lo hizo antes, filmando a la actriz en “Ne change Rien”).

Contrasta sus gestos, movimientos y voz con las imágenes de archivo de Bárbara. Ese juego de espejos no confirma la semejanza entre una y otra (aunque exista parecido físico); por el contrario, subraya las diferencias, basadas en el juego de la actuación. La Bárbara de Amalric muestra a Balibar poniendo en acción su método, ensayando formas de “estar” ante la cámara, disponiéndose a hacer su trabajo.

Balibar invoca a Bárbara, como en una sesión de espiritismo, pero no se deja poseer por ella.

Ricardo Bedoya

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*
*
Website