Festival Al Este 2018: El vals de Waldheim

“El vals de Waldheim”, de Ruth Beckermann,  es un acercamiento a la figura de Kurt Waldheim, que fuera Secretario General de las Naciones Unidas (antes de Javier Pérez de Cuéllar) y candidato a la presidencia de Austria en 1986. Pero el encumbrado diplomático oculta un episodio de su pasado. En su juventud fue miembro de un cuerpo de la SA Nazi y, empezada la Segunda Guerra Mundial, llegó a cumplir funciones militares en Salónica, Grecia, participando en matanzas y atrocidades. 

A pesar de ello, Waldheim fue elegido presidente de su país.

De más está decir que este caso le sirve a Ruth Beckermann para señalar los peligros de un presente político europeo que prefiere la amnesia o las “verdades alternativas”, que no son más que mentiras mondas y lirondas.

En tiempos de exaltación populista y nacionalista de ultraderecha , una película como “The Waldheim Waltz” resulta esclarecedora.

Pero hay más. La película se distancia del formato didáctico y explicativo que limita a tantos documentales que indagan sobre asuntos polémicos. Beckermann descarta la intervención de memoriosas “cabezas parlantes” o de testigos de lo que ocurrió tres decadas antes. Aquí hablan los archivos, las imágenes encontradas, las entrevistas  ofrecidas en la época. Y en ellas abundan los lapsus, los silencios, los gestos de incomodidad, los signos de las mentiras que se rastrean no solo en el rostro o en la entonación del candidato. También se descubren en la complacencia de algunos interlocutores. El estupor y la indignación es la reacción de unos cuantos, no los suficientes.

El retrato del affaire Waldheim se arma como un rompecabezas. Cada una de sus piezas se instala acompañada por cuotas de ironía, humor, sarcasmo, malestar, embarazo  o vergüenza ante lo que ocurrió. Una seguidilla de sentimientos contradictorios que se expresan sin crispación ni énfasis. La mirada es siempre fría, analítica y serena.

El material documental –filmado por la realizadora en la época en que ocurrieron los hechos o encontrado en diversos archivos-  es “intervenido” en los procesos de selección y montaje, pero no para alterarlo  o para convertirlo en  la materia prima de una pieza de “agit-prop”, sino para ofrecerlo como objeto de evocación, testimonio, e inquietante prueba de la persistencia del antisemitismo, del nacionalismo cerril y de la confianza irreflexiva en un líder. El líder inquietante, al que se defiende como padre: algunos de los pasajes más interesantes de la película muestran al hijo de Waldheim declarando ante una comisión congresal en los Estados Unidos.  

La memoria necesaria.

Ricardo Bedoya    

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