Misión imposible: Repercusión

En “Misión imposible, nación secreta”, de Christopher McQuarrie,  la apuesta era por el pastiche hitchcockiano. “En manos del destino” (“El hombre que sabía demasiado”), la famosa película de Hitchcock, estaba en el centro de una secuencia climática que transcurría en la Ópera de Viena durante una representación de “Turandot”. En “Misión imposible: Repercusión”, McQuarrie, sin abandonar a Hitch, se pasea por el inmenso repertorio de situaciones improbables del cine de aventuras de todos los tiempos.

Ya sabemos que los simulacros son esenciales en estas misiones imposibles. Para los espías solo se llega a la verdad a través de la ilusión, el artificio y la mentira. Las películas deben emularlos. Por eso, los mejores episodios de la franquicia son los más truqueros y lúdicos, como el primero, de Brian de Palma, y los dos dirigidos por McQuarrie. Son los que se dedican a retorcer las tramas y jugar a los simulacros. Cada secuencia aparece con un disfraz diferente y lanza un reto de reconocimiento. Adivina, adivinador: ¿Qué se esconde tras esta máscara? ¿A qué remite este trajín o persecución? ¿A qué película se lanza este guiño?        

El bagaje es amplio. Asciende hasta el cine silente para echar mano de las máscaras y simulacros de las películas de Lon Chaney y de las persecuciones del burlesco, pero en el recorrido (estuve a punto de decir, en el saqueo) se encuentra con las coreografías aéreas y los cuerpos que disputan en el vacío de las películas de James  Bond en su fase paródica, con Roger Moore enfrentado a Richard Kiel, y con la sombría iconografía de las cintas de espías en la Guerra Fría, a las que remite la notable secuencia del túnel berlinés. El fantasma de Sir Alfred ronda en torno del plutonio convertido en señuelo y motor de la acción, mientras que la la persecución en moto por las calles del París, con Tom Cruise yendo contra el tráfico por la Plaza Charles de Gaulle,  luce como una fantasía visual arrancada de algún clásico y frenético “cartoon” de la Warner. Y hasta “Juego mortal” (“Sleuth”) parece prestar su mecánica de simulacros y disfraces para escarmentar a los villanos.

La apuesta de McQuarrie es acelerar hasta el vértigo los más añejos procedimientos del montaje paralelo (que llegan desde los días de Griffith) para dinamizar el relato y alimentar el suspenso.

Tom Cruise está en el centro de todo. Cumple una intensa rutina de ejercicios. En dos horas y media recorre todas las máquinas del gimnasio. Corre, brinca, flota y se desplaza a gran velocidad, como poseído por el espíritu de un Errol Flynn en sus tiempos mejores.

Lástima que el villano, interpretado por Henry Cavill, sea tan neutro e inexpresivo. Ese Cavill no levanta vuelo ni con grandes dosis de Kryptonita.

Ricardo Bedoya 

3 thoughts on “Misión imposible: Repercusión

  1. Ricardo, la Kryptonita es un mineral ficticio cuya principal característica es la de ser el único material capaz de debilitar a Superman, anulando sus poderes. Entiendo que no te gusta la actuación de Cavill (ya lo criticaste en el pasado cuando encarnó a Superman), pero afirmar que su trabajo en misión imposible “no levanta vuelo ni con grandes dosis de Kryptonita” es una contradicción. Cordiales saludos.

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