El misterio del Che clandestino en Praga. Entrevista a Margarita Hernández, por Emilio Bustamante

En el último festival de Cine Ceará, la directora cubano-brasileña Margarita Hernández presentó, fuera de concurso, su documental Che, memorias de un año secreto. La película comprende básicamente el misterioso año que pasó Ernesto Guevara, clandestino, en Praga, luego del fracaso de la guerrilla en el Congo y antes de la aventura boliviana. Se puede clasificar dentro de las películas sobre el Che, pero también en la categoría más amplia de filmes sobre la Guerra Fría.

Después de las críticas de Guevara a los países socialistas en Argelia y de su visita a China, tanto a la URSS como a Fidel – aparentemente- les convenía más tenerlo encabezando guerrillas destinadas al fracaso en África y América Latina, o paralizado en la clandestinidad dentro de un país socialista, que ejerciendo un cargo de gobierno en Cuba o dando declaraciones a la prensa internacional.

Margarita Hernández recupera un importante material de archivo, ordena los acontecimientos, indaga sobre ellos, interroga a jerarcas y agentes, evita juicios categóricos y deja abiertas interrogantes. Sin embargo, su filme, es quizá más interesante por lo que no dice explícitamente que por lo que expone.

Las imágenes de los protagonistas de esta historia laberíntica y trágica se funden con la ficción y, vistas a la distancia, con el absurdo. El dentista Luis Carlos García Gutiérrez (Fisín) –aséptico y frío, especialista en enmascarar personas y encargado de disfrazar al Che en Praga- parece extraído de un viejo filme de espías de serie B; y un verdadero agente de inteligencia cubana (Ulises Estrada) confiesa que en plenos años 60 escuchaba a los Beatles e imitaba a James Bond, mientras custodiaba a Ernesto Guevara. El Che, desglamorizado por Fisín, calvo, con prótesis dental y medio jorobado, pasea su humanidad por las calles que antes recorrió Kafka, cuando no se halla encerrado en una habitación escribiendo, leyendo o escuchando el disco de una cantante pop proporcionado por Ulises. Este último, finalmente es reemplazado por el régimen cubano debido a que llama mucho la atención en Praga por el color oscuro de su piel y sus conquistas amorosas, que no armonizan del todo con su trabajo en el servicio secreto.

Conversamos con Margarita Hernández sobre su película, ambientada en una época en la que –como dice Jon Lee Anderson- “todo parecía posible: la utopía o el apocalipsis”.

Lo primero que me sorprendió fue el material de archivo. El buen estado de algunos documentos fílmicos. ¿Cómo conseguiste esas imágenes y cómo las empleaste en la película?

La película recurre como a seis archivos. El principal es el del ICAIC. Del archivo del Centro Che básicamente son las fotos. Ellos han hecho un libro reciente, para el que restauraron todas las fotos del Congo. Yo hice un intercambio con ellos, y a cambio de información me dieron las fotos. Además hice una restauración digital de todas las fotos, una por una. Otros archivos que son también muy llamativos son los de Pathé-Gaumont de Francia (que son lo de Dar es-Salam de los años 60, y París),  los archivos de Kratky Films, y los de la televisión checa. Dos archivos checos. Por el hecho de haber filmado dos veces en la República Checa, hice buenos contactos y sabía dónde estaban las cosas. Los checos tienen un material de una calidad increíble, tienen todo súper organizado. De verdad te digo que yo me encontré en la República Checa con un lugar pequeño, accesible, de precios modestos y de primerísimo nivel. Tienen un archivo de los estudios de todos los años, muy bien. Y la televisión checa tiene unas imágenes de una calidad que parecen filmadas ayer. Tienen una película con una visión idílica del comunismo de la mañana a la noche, de la vida diaria, muy bonito; he visto cosas lindísimas de la televisión checa. De Pathé Gumont, de la televisión belga, tengo el de Mobuto Sese Seko. De CBS es el archivo que abre el documental, que apareció dos años atrás, una entrevista al Che; yo se lo compré a CBS. Las imágenes finales de la playa son de la familia del Che. Llegué a ellas a través del ICAIC aunque, como es obvio, es un archivo familiar. La familia del Che tenía una buena posición y tiene muchas cosas filmadas de su infancia. Esas películas no están restauradas ni yo las quise restaurar. Esas no las toqué; en Cuba se han visto mucho.

También ficcionas con figurantes

Ese período del Che no tiene mucha información. Como no hay información y no se sabe absolutamente nada, hay dos escritores que escribieron ficciones sobre eso. Entonces, yo más o menos seguí la cuerda.

La imagen del Che, disfrazado, descendiendo del avión en Cuba, ¿es real o ficcionada?

Esa imagen existe, yo nunca lo pude ver pero sé que existe. El Centro El Che no me la dio porque quieren estrenarla en un trabajo que van a hacer, y quieren que sea inédita. Yo me esforcé mucho, les pedí y les pedí, pero solo me dieron dos fotos. La imagen en movimiento de nueve segundos, no me la dieron; entonces, yo la inventé. Busqué un archivo antiguo en el mismo aeropuerto, con un avión de la época, lo puse en una moviola del ICAIC… ellos van al ICAIC, buscan la película… esa parte es ficción. Se confunde un poco, pero creo que es la única que se confunde porque las otras recreaciones está claro que no son archivos, hasta ahora nadie se equivocó porque tienen otro tratamiento.

En la película destaca la música. ¿Cómo la elegiste?

La música es de José María Vitier. Él ya tenía una música, que se llama Oda al Che, que la hizo para una ópera; me la mostró y me gustó. Esa va al final, el resto él la compuso especialmente para la película. Le metió una cosa de tango cuando el Che está en Praga, y yo lo dejé porque él es un tipo súper talentoso y la película necesitaba música para aligerarla, porque hay mucha información.

La película de algún modo entra en cierta categoría de películas sobre la Guerra Fría, y como otras películas sobre la Guerra Fría, cuestiona el papel de la URSS. Es un papel ambiguo. ¿Cómo ves ahora ese papel de la URSS? ¿Influyó la URSS en la salida del Che de Cuba?

En ese discurso que el Che hace en Argel, él se manifiesta. Él estaba viendo que ese era otro modelo de imperio, y él era radical, de decisiones extremas. No era un político en el sentido de negociar, él era una persona bien recta, un monaguillo como se dice en la película. Y la política tiene que ser flexible. Él vio que se estaba vendiendo armas, y vio que había apoyo pero también negocio, y él creía que el apoyo debía ser desinteresado. Él escribió en Dar es-Salam un libro sobre la guerra revolucionaria en el Congo. Allí él hace críticas durísimas, y estando en Praga escribe una crítica a la economía política del socialismo que estuvo como treinta años censurada o clasificada. Lo del Congo se publicó a los veinte años. Recién se supo que estuvieron en el Congo. Antes no podían decir dónde ellos estuvieron. Y la crítica a la economía política de la Unión Soviética fue escrita cuando en Cuba nosotros estábamos tratando de implantarla.

El apoyo de la URSS a Cuba era también ambiguo, ¿no?

Para mí el apoyo a Cuba era diferente, era un apoyo estratégico. Cuando ellos ponen los misiles es para presionar a los americanos. No está en la película porque no es el asunto entrar a eso, pero el Che era muy contrario a eso. Era radical con relación a los rusos. Pero Fidel era el lado político. Fidel y el Che no eran muy parecidos en ese sentido. En ese momento Fidel estaba haciendo el acuerdo del azúcar con los rusos.

De algún modo le convenía a Fidel que el Che estuviera afuera.

Sí, en cierto sentido por la relación con los rusos. En el momento en que el Che hace ese discurso en Argelia, se está negociando el azúcar. Pero, en realidad, nadie sabe lo que pasó. El Che llega a aquel aeropuerto, pasan un par de días conversando, y nadie sabe lo que pasó allí porque no hay nadie vivo de las personas que estuvieron allí que cuente qué pasó. Lo que se sabe es que cuando sale hay gente que ya se está preparando para ir al Congo. Y llega la tropa al Congo.

La película también plantea la cuestión de si el Che era más importante dentro de Cuba que fuera en ese momento. Fernández Mel dice que era más útil dentro.

De hecho, útil afuera no fue. Porque se preparó mal y porque no había condiciones ni en el Congo ni en Bolivia. No por su capacidad.

La película es muy clara al referirse a los desencuentros culturales que hubo en el Congo.

Sí, todo eso de la santería, la cosa tribal…. Vienen a ayudarme, pero quiénes son… La intención era la mejor, el ideal era el mejor…

Hay un sentido de utopía que Jon Lee Anderson menciona… Dice que todo en los 60 parecía posible… pero también hay un sentido de absurdo en la misión en el Congo y en la estadía del Che en Praga…

Apocalíptico y utópico dice Jon Lee Anderson, a mí me encanta eso.

Sí, pero también hay algo de absurdo. La estancia en Praga, el disfraz, Praga misma que te remite a Kafka. Las declaraciones de Ulises (el joven miembro de inteligencia de Cuba que acompaña al Che) que dice que jugaba a ser James Bond. Claro, en el momento no lo parecería, pero mirados los hechos a la distancia a través de tu película, yo veo un lado  absurdo en la situación. No sé si tú lo ves así.

Hay dos anécdotas que yo pongo en la película. Lo de James Bond y lo de los Beatles, que no son gratuitas. Esas dos anécdotas me hablaron mucho del Che. Imagínate a un hombre que tenía en aquel momento 37 años, que estuviera viviendo en el año 65 y nunca hubiera escuchado a los Beatles y no supiera quién era James Bond. Eso dice mucho del Che. Él vivía en otro mundo. Él era un intelectual que leía y llevaba a la práctica eso que él pensaba que había que hacer. Por su formación familiar era muy diferente a los cubanos que hicieron con él la revolución y se destacaba por su intelecto dentro e aquel grupo. Si bien Fidel era un hombre inteligente, no era el intelectual que era el Che.

Eso que dices orientaría también la respuesta a la interrogante de si tuvo una amante o no en Praga. Lo que dice Ulises, que el Che era como un monaguillo, parece más verosímil que lo que escribe y declara Juan Braun sobre la soprano, supuesta amante del Che en Praga.

Sí, además estaba escondido, imagínate. Yo dejé en la película la parte de Juan Braun porque me gustó la historia de la soprano. Y no solamente me la contó Braun, también me la contó el agente de la ex Checoslovaquia cuando lo entrevisté en la taberna. Dice que tuvo “una amante ilegal”, y eso es muy cómico porque todas las amantes son ilegales. Braun, el escritor argentino que sale en la película, todo exótico, vive en Praga, y él inventó esa historia, El Che y la soprano de Praga. El otro, Abel Posse, que sí es un buen escritor, también es argentino, hizo Los cuadernos de Praga, que sí es un buen libro. Él fue embajador en la República Checa, vivió mucho tiempo allí, es un tipo medio de derecha, muy criticado y tal, pero es un tipo de muchas luces y con una visión muy clara.

¿Cómo estructuraste la historia? ¿Hubo un guion previo?, ¿cambios en la edición?

Yo no quería hacer un documental sobre el Che. Nunca se me hubiera ocurrido hacer un documental sobre el Che. Me parecía pretensioso, me parecía que ya había muchas cosas hechas al respecto. Yo quería hacer un documental sobre Fisín, el dentista. Él escribe un libro que se llama La otra cara del combate, que se publica en el 2004, cuando le permiten contar lo que él hizo, cuando desclasifican su historia. Este dentista escribe pues un librito que me regala, y me encantó. Es un personaje muy simpático que está lleno de historias. Él ha sido enmascarador de toda la gente de la Internacional Comunista desde los años 30.

Eso no se dice en la película.

No, porque todavía quiero hacer una serie. Tengo mucho material de todos. Él enmascaró a mucha gente, hasta a Alfredo Guevara, a Turcios Lima, el guerrillero guatemalteco. El primer día que lo voy a entrevistar me dice: “¿Tú vas a hacer un documental sobre mí?; en una historia donde está el Che, él siempre va a ser el protagonista”. Yo acepté eso dos años después, cuando empezaron a salir todos esos relatos sobre el Che. Y allí fue que tenía que decidirme si yo abandonaba a Fisín, que era el personaje que yo quería hacer, el dentista del Che, o no. Pero las cosas caen por su propio peso, y realmente era interesante lo que empecé a conocer sobre el Che. Le di mucha vuelta, porque tenía exceso de información, y abandonamos la historia de Fisín, que era muy buena.

Cuando ya decidiste hacer la película sobre el Che, ¿cómo ordenaste el material?, ¿tenías un guion ya elaborado?

Tenía básicamente tres momentos que eran: Argel, que es el preludio del Congo, y el Congo, que es el preludio de Praga. Estuve tentada a hacer la película solo sobre Praga, porque hay muchas cosas en Praga. Todo ese odio al comunismo. Mucha cosas que tienen que ver con Cuba, muchas cosas de Cuba se hicieron en Checoslovaquia, la moneda fue impresa en Checoslovaquia, los checos eran los que tenían más relación con los servicios secretos. Los propios archivos de la StB[1]… Encontré un millón de cosas en los archivos de la StB, no solo del Che sino de toda la relación que hubo con Cuba. Encontré a este señor Tomek, que estudia eso. Quisiera hacer una serie dividida en cinco capítulos, incluir Bolivia. Aunque en la película no quise entrar en la historia de Bolivia, Jon Lee Anderson me da una entrevista fantástica sobre Bolivia. Él es muy buen entrevistado, vivió en Cuba, donde hizo la biografía del Che, y él es quien más ha estudiado esa cosa de Bolivia y Salta, una cosa de la que no se habla, y él sabe todo. Me quedé muy tentada también. Me quedé muy tentada por todo; pero, bueno, había que decidir por algo, por ese año que es el más desconocido, hay un hueco sobre ese año en la biografías, tú vez en la biografía de Taibo, en la biografía de Jon [Lee Anderson], en la biografía de Castañeda (aunque ésta en realidad no la considero…), realmente hay un hueco. En la película de Tristán Bauer, que es una película larga, Bauer pone dos imágenes sobre Praga con unas dos personas allí caminando, porque realmente no tiene nada que decir. En ese sentido, hay una novedad. Nadie fue allá antes, nadie fue a los servicios de inteligencia a buscar nada de Cuba. Yo fui la primera en filmar la casa; los periodistas checos sí habían ido allá a hacer unas fotos, pero era algo superficial. Ni Juan Braun que vive en Praga, y que ha escrito ese librito sobre el Che y la soprano de Praga, donde ha inventado toda una historia de esas que le gustan a la gente. Nadie intentó entrar a la casa. El dueño no quería que entráramos a la casa. Inicialmente, pensaba yo, que era por la privacidad, pero ya hablando con el historiador checo nos explicó que no quería que entráramos a la casa porque esa casa se la dieron a él los servicios de inteligencia, y él tiene miedo de que se la  quiten porque hoy detestan, odian, a cualquier persona que tuvo que ver con la época del comunismo; entonces, si sale, le pueden decir ¿por qué tienes esa casa?

Hay preguntas que quedan flotando después de ver la película, ¿realmente el servicio secreto checo no sabía que él Che estaba allí?

Ellos no sabían que era el Che. Ellos sabían que había un cubano, de la seguridad cubana, que estaba escondido allí; pero ellos no sabían que era el Che.

Pero uno de los entrevistados dice: ¡cómo no iban a saber, un cubano rodeado de tanta seguridad, ¿quién más podía ser?!

Pues no lo sabían. Tú vas y tienes acceso a las informaciones, están en checo, claro, pero yo las revisé todas, y no existe nada. No aparece nada. La primera cosa que aparece en los archivos de la StB es del año 71, una carta a Fidel, de un tipo que es un agente en Cuba, que vive allá, pues entre ellos se vigilaban; es una carta en la que dice que quieren visitar la casa donde estuvo el Che.

Queda también la duda sobre el papel de Fidel. Si se prevé que las operaciones en el Congo y Bolivia van a ser un fracaso, ¿para qué hacerlas?, ¿para desviar la atención de Cuba?

Desde que triunfa la revolución hay el proyecto de exportarla. Todo lo contrario de lo que dice el Che en la entrevista inicial, donde dice que la revolución no se exporta. Y de hecho, ahora hay pruebas de que las revoluciones no se pueden exportar. Pero si él dice eso, ¿qué estaba haciendo en Bolivia?, ¿y en Salta, que fue un fracaso y es el secreto mejor escondido de la revolución cubana? Claro, tienes a Monje, que es un flojo. Pero tienes el otro lado también, ¿a dónde va Cuba? Fidel lo recibe y no le dice exactamente a qué va el Che. Lo que pasa es que esas son informaciones de boca, de Jon [Lee Anderson] que entrevistó a Monje. Pero yo trato de no poner especulaciones en el ámbito histórico. Monje dice que se pasó una semana dando vueltas por Cuba y Fidel no le acabó de decir qué es lo que quería de él, y él era el presidente del Partido Comunista de Bolivia. Fidel le dice que el Che quiere ir a Argentina, y Bolivia le va a servir de trampolín. Regresa a Bolivia y ve que está instalado en la guerrilla, y entonces no sabe para dónde tomar, y empieza aquella disputa que tú ya sabes: que yo soy el jefe; no, que tú no eres el jefe. Aquella cosa que yo también cuento y donde se produce el quiebre de la historia, el abandono. Hay algunas interrogantes históricas que yo tengo también, pero no me gusta especular.

¿Hubo dificultades para hacer las entrevistas en Cuba?

Filmé con diferentes cámaras en Cuba, con lo que tenía. La entrevista a Ulises la hice en condiciones pésimas. Él es bueno en cualquier forma, pero la fotografía era cero intención. Cuando yo ya obtuve el permiso oficial pude hacer un par de entrevistas mejores. Pero antes, cuando estuve por mi cuenta, hubo cosas más difíciles de filmar. Pero lo que más me deja el documental es ganas de hacer las otras cosas. Tengo todo lo del museo…

¿El museo de Praga?

Sí, el museo de Praga y el museo del Che. El guía del museo del Che… hay muchas cosas que yo todavía quiero hacer con ese material. Tengo lo del dentista y lo del Congo. Fisín murió, Ulises murió. Parece que estaban esperando a que hiciera la película. Tengo lo de los  dos sobrevivientes de Bolivia, que no tuve cómo ponerlo en la película. Eran muchachos jóvenes, eran locos, y ahora ya no les da vergüenza contar nada. Pude entrevistar a Juan Carretero, que fue a reemplazar a Ulises a Praga, y que fue el jefe de la operación en Bolivia. Él dice: yo soy uno de los que organiza eso; pero no, él era el jefe, y era entonces muy joven también.

 

Emilio Bustamante



[1] Las siglas StB corresponden a  Státní bezpečnost (Seguridad del Estado), servicio secreto de policía política de Checoslovaquia, que operó entre 1945 y 1990.

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