Cuarta Semana del Cine 2018: The Rider

Hombres y caballos. Todo es bronco, silencioso, a la vez rudo y entrañable, en la relación que Brady Jandreau, el jinete herido, mantiene con los caballos, pero también con un entorno de personajes que tienen mil limitaciones porque conocen los rigores del haber estado a la intemperie.

Lo mejor de “The Rider” es  su fuerza documental. Su capacidad para adelgazar el relato y concentrar la mirada en el mundo del rodeo, en sus rituales y faenas, en la profesionalidad de sus actores, en el laconismo con que enfrentan sus tareas, en el paisaje que los rodea, en la marginalidad casi anacrónica de sus cultores. Pero también en las heridas que han dejado los accidentes en los cuerpos de sus actores-personajes, ya que sus performances tienen sustento en una realidad más bien dolorosa.

La realizadora china Chloé Zhao se instala ahí, en ese lugar de Dakota del Sur, y las imágenes y sonidos que registra parecen ser el resultado de una intensa observación participante.  La película es como la prueba de haber estado en el lugar, de compartir con Brady sus intentos de volver a ser lo que fue, de respirar el mismo polvo, de sentir los olores de las caballerizas  y de acariciar los lomos de los caballos.     

Ricardo Bedoya

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