Semana del Cine 2018: Las cenizas son del blanco más puro (Ash is Purest White)

“Las cenizas son del blanco más puro” (“Ash is Purest White”), de Jia Zhang-ke, es una película excepcional. Sin duda, de lo mejor de esta Semana del Cine.

El director chino es uno de los más influyentes en lo que va del siglo. Y el gran asunto tratado en sus películas es justamente el siglo XXI, como lo vemos en “Plataforma”, “Naturaleza muerta”, “El mundo”, “Placeres desconocidos”, “Un toque de violencia”, “Más allá de las montañas”, entre otras.

Un siglo que llega y transforma. Cambian los paisajes, las costumbres, la China en su integridad. Cambian también las identidades, las intimidades y los cuerpos.

De eso trata “Ash is Purest White”; del modo en que la Historia modela los sentimientos, las expectativas y los cuerpos. En el centro de la película está el personaje de Qiao, interpretada por Zhao Tao, la actriz fetiche del realizador. Ella no solo es la protagonista de una historia de amor que se mantiene a lo largo de los años (en eso tiene un punto en común con “Cold War”, aunque el tratamiento sea radicalmente distinto), sino también el hilo conductor de un relato que atraviesa por géneros diversos, desde el cine criminal hasta la ensoñación fantástica (la extraordinaria escena del cielo que se ilumina), sin olvidar el drama pasional y el filme de artes marciales. Para desembocar en el juicio político duro, despiadado, sobre la realidad política de la China de hoy.

Pero la actriz Zhao Tao es, sobre todo, un cuerpo y un rostro que se va transformando en el curso del relato, que abarca diecisiete años, de 2001 a 2018. Pasa de la fe al desengaño, de la convicción al desencanto. Aparece ruda, decidida, golpeada, incierta, enamorada o marcando su territorio en medio de mafiosos de poca monta. El suyo es un cuerpo que domina el encuadre en la escena más intimista (la del largo diálogo en la habitación) o en el despliegue coreográfico.

La cámara siempre está con ella y la acompaña en su largo viaje inmóvil.

Porque de eso se trata. De mostrar los cambios más radicales y la inamovilidad absoluta. Desaparecen pueblos, se hacen represas, se transforman las tradicionales poblaciones mineras, aparecen las nuevas tecnologías, se reemplazan los discursos encendidos del Gran Timonel por la publicidad de las empresas que promueven los avistamientos de OVNIS, se modifican las comunicaciones, llegan los “smartphones”, se entra en la era de las intimidades controladas electrónicamente, y todo sigue igual.  

“Ash is purest White” tiene la amplitud de un fresco histórico. Una Historia contemplada por los ojos curiosos, sensibles y frágiles de la protagonista.  

Ricardo Bedoya      

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