Transcinema 2018: El pejesapo

El pejesapo (2007), del chileno José Luis Sepúlveda, acompaña los recorridos de Daniel SS (Héctor Silva), el personaje central.

Lo sigue por todas las esquinas de la marginalidad. Fracasado hasta en un intento suicida en el río Maipo, desocupado crónico, afecto al consumo de pasta básica de cocaína, frágil en sus apegos, residente en una zona periférica y empobrecida de Santiago, Daniel busca alguna salida, un atajo para reinsertarse en la sociedad, por más condenada que esté su existencia o más sórdido sea su entorno.

Es un desechado por el régimen económico, un “basurizado” por la sociedad y el discurso hegemónico, un subalterno, un pejesapo rechazado por su apariencia (de fealdad repugnante, en el caso del pez) , por aquello que no depende de él. [1]

Al seguir al personaje los realizadores no hacen distingos entre registro de primera mano, con acento documental, y representación. Lo que importa es la construcción de la autenticidad en la exposición de los lugares, los recorridos y las trayectorias de los personajes.

En su trabajo en colaboración con Carolina Adriazola, Sepúlveda incorpora actores naturales, filma escenarios en exteriores, encara lo que pareciera más sórdido, establece una mirada horizontal con el mundo de miseria, violencia cotidiana y desocupación que retrata. No contempla la marginalidad desde la diferencia, la distancia o la conmiseración. No construye un modelo de alteridad. Se identifica con él. Filma desde la intemperie, poniéndose del lado de aquellos que retrata, sea la discapacitada que convive con Daniel o el travestido que se relaciona con él.

Por eso rehúye la corrección del acabado técnico, la afiliación genérica, la solidez del  guión. Importa asimilar y hacer patentes las marcas de lo que pasa ahí, en esas calles, ante la indiferencia del mundo oficial. Eso explica la suciedad del sonido que dificulta la inteligibilidad de los diálogos, pero también el desaliño de los movimientos de la cámara, la apelación al desencuadre y la aspereza del hiperralismo que pone por delante. La precariedad es aquí no solo un dato de la realidad; es la exigencia ética que demanda su representación.

Ricardo Bedoya



[1]Sobre el concepto de “basurización”, ver El factor asco: basurización simbólica y discursos autoritarios en el Perú contemporáneo, de Rocío Silva Santisteban. Lima: Red para el desarrollo de las ciencias sociales en el Perú, 2008.

 

 

 

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