Jamás llegarán a viejos

 

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Ha entrado en cartelera, casi en forma clandestina, “No llegarán a viejos” (“They Shall Not Grow Old”), una película de Peter Jackson.

Es un ambicioso trabajo de recopilación de películas filmadas en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial. Jackson organiza el material siguiendo un orden cronológico. Desde el estallido de la Gran Guerra hasta su culminación. Le importan sobre todo los combatientes. Su intervención en el material documental privilegia la fuerza de los rostros, las miradas de los soldados a las cámaras de manivela, sus momentos de tensión y de relajamiento, la posición de sus cuerpos en los espacios estrechos y malolientes de las trincheras.

Lo más fascinante de esta película es apreciar el poder testimonial del cine y la capacidad de las primeras máquinas para registrar la profundidad del campo visual y crear escenografías naturales de un verismo excepcional. Pero también para captar los gestos colectivos y las escenas de grupo, encontrando en ellas el gesto singular o el ademán que quiebra la pose ante un aparato que muchos soldados no sabían distinguían de una cámara fotográfica.

Sin duda, las imágenes son formidables, pero es lícito preguntarse si Jackson debió colorizar parte del material, alterar su cadencia o velocidad de proyección e incluir una banda sonora que incluye expresiones verbales, ruidos, murmullos, detonaciones, entre otros componentes de un paisaje sonoro construido para el efecto. Es decir, preguntarse si Jackson debió hacer lo que ha hecho.

Sin duda, puede argumentarse que esa puesta al día tecnológica -impresionante en su calidad y acabado- le da otra dimensión al trabajo de recuperación y lo dirige a un público mayor, acaso no muy dispuesto a ver un largometraje documental silente y en el blanco y negro, carente de grises, propio de la época.

Es una opción, qué duda cabe. Pero discutible. “Jamás llegarán a viejos” es una película que, a partir de una restauración de origen, transforma buena parte del material original. Lo altera, lo interviene, lo modifica, lo torna espectacular.

Sin ser purista ni intransigente (algunos dirán que Jackson traiciona el material fílmico de origen), debo decir que hubiera preferido ver esas maravillosas y dramáticas imágenes de la Gran Guerra restauradas con la mayor fidelidad y calidad posibles.

Ricardo Bedoya

3 thoughts on “Jamás llegarán a viejos

  1. Me sorprende lo que dice porque justamente Jackson ha querido rebasar el documental haciendo una transficcion. En ese sentido es válida su propuesta de alterar las imágenes de las cámaras fotográficas o de cine para darles una dinámica distinta y asi aprovechar mejor su profundidad de campo y crudeza, cualidades que usted menciona, agregándoles, además, color y sonido. El objetivo, claro está, es focalizar la expresividad del rostro del ser humano de la época que, de un día para otro, marcha a la guerra.

    • Hola, Alberto

      No estoy de acuerdo con lo de la “transficción”. Jackson edita, ordena y modifica un material fílmico original para hacerlo más legible y admisible para su difusión masiva. Lo hace muy bien y resulta deslumbrante, es verdad, pero de “transficción”, nada. Aquí no hay ninguna reflexión sobre la materialidad del soporte original y sobre aquello que le dio a las imágenes. Sobre su estado actual, sobre lo que dice ese nitrato deteriorado acerca de lo que quedó registrado en él. Jackson “arregla” lo que se ve mal, o potencia lo que ya está en las imágenes de origen, pero no liga esos “contenidos” a la fragilidad del “continente”, lo que hubiera añadido esa dimensión “trans” que mencionas. Una cita de Jean-Louis Comolli, que ha escrito tanto sobre el tema de archivos, expresa muy bien lo que quiero decir: “A la cuestión del archivo, podría decirse que se pueden ver los archivos solamente en el presente, no se los puede ver en el pasado. Verlos en el pasado es una contradicción que de cierta manera impide verlos. Verlos en el presente significa recuperar, a través de la huella, la fragilidad de la inscripción. Volver la fragilidad a la huella archivada es fundamental porque nos aleja de la lógica administrativa de la fantasía.” Jackson expone las “huellas”, pero sin devolverles “la fragilidad de la inscripción”.

  2. Se plantea un debate interesante: la legitimidad estética de la modificación del metraje original. Si se considera el material en su dimensión de registro documental, sin duda de que cualquier alteración es reprobable, aunque si se hace un montaje con añadidos de narración en off y sonido, ya se está “alterando” el registro original. En rigor, siempre hay alteración. Si se trata de una “transficción”, las cosas cambian. Aún no he visto (la veré hoy) “Jamás llegarán a viejos” y no puedo todavía pronunciarme puntualmente sobre la película, pero admito que se pueda proceder a una “transformación”, pues es una opción creativa, más aún en estos tiempos de re-montajes y trabajos sobre materiales pre-existentes.

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