Quién te cantará

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“Quién te cantará”, de Carlos Vermut, se puede ver en Netflix.  Reproduzco, con algunas variantes, el comentario que publiqué en noviembre pasado.

Dos mujeres se juntan en una casa llena de ventanales  que reflejan sus perfiles. Múltiples puertas vidriadas las enmarcan. Los ambientes están ocupados por los retratos y trofeos de la propietaria del inmueble, una diva de la música popular que  pasa por una crisis. La otra  mujer, empleada de un karaoke, emula como nadie a su estrella preferida. Ellas se encuentran e inician una relación de admiración, aprendizaje mutuo y dominio. Se apunta algo vampírico en los lazos que establecen. Una posee aquello de lo que carece la otra y lo intercambian.  Es un trueque que incluye hasta las culpas más íntimas.

Las relaciones entre las dos tienen de viaje conjunto, de sueño compartido, de pesadilla  inquietante y de terapia.

Desde el inicio, en “Quién te cantará”, de Carlos Vermut, se descarta el realismo. Lo que veremos no será una representación mimética de la vida, sino una imitación, con todo lo que pueda tener de exagerado, patético y artificial.

Por eso no es extraña la filiación de esta película con el melodrama familiar. El entronque llega con la aparición del personaje de la hija egoísta de una de las mujeres. Evoca a una de esas mujeres jóvenes empeñadas en destruir las vidas de sus madres que encontramos en algunas películas de Douglas Sirk, Michael Curtiz,  o King Vidor.

Pero el melodrama apunta aquí un costado fantástico, con un toque onírico.  Hay una irrealidad que se perfila en languidez de los movimientos de las mujeres, en sus reflejos espectrales, en la disposición geométrica de los espacios, en el tratamiento cromático elegido, en la presencia del sueño y sus poderes sanadores.

Pero también aparecen las claves del drama intimista de una estrella que no nace, sino que se rehace. Una Lady Gaga que se desmorona, se fusiona, se vampiriza y se transforma.

Para lograrlo, la estrella de anteojos oscuros, como la  “Fedora” de Billy Wilder, necesita apoderarse de la savia de una imitadora (la notable Eva Llorach).  Del mismo modo, “Quién te cantará” requiere de la savia de muchas otras películas. Se abre al juego intertextual. La película de Vermut es como un espejo en el que se reflejan múltiples relatos y sensibilidades cinematográficas.

El vínculo entre las mujeres evoca, es cierto, a “Persona”. Hay una correspondencia entre la situación detonante de la pérdida de la voz de la actriz en el filme de Bergman y la amnesia del personaje de Najwa Nimri, lo que las obliga a mantener a una “extraña” a su lado. Pero el tratamiento  cinematográfico es distinto. Lo que en Bergman es pura modernidad y ruptura, aquí es reciclaje y alusión.

“Quién te cantará” es un juego conceptual, repleto de guiños. Toma de aquí y de allá incidentes, situaciones y alusiones del cine clásico y del contemporáneo.

Dos escenas de violencia entre madre e  hija, resueltas en elipsis u observadas desde el umbral de una puerta, no ocultan su  origen: el Haneke de “Funny Games” y de “Código desconocido”. El Fassbinder de “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” y su estilización ritual ronda cada escena de los ensayos entre la diva y su “doble”.  Y hay más, desde “All about Eve” hasta “Mulholland Dr.”

El simulacro y el artificio se imponen.

Ricardo Bedoya

 

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