Leaving Neverland

Related image

 

“Leaving Neverland”, la producción de HBO que se puede ver en YouTube, dura cuatro horas y solo levanta vuelo cuando los drones nos muestran, desde muy arriba, esas poblaciones y ciudades donde habitaban los que nunca vieron nada.

Son cuatro horas de testimonios dichos ante la cámara. Ese es el dispositivo, rígido y monocorde. Comparecen Wade Robson y James Safechuck, dos personas que denuncian haber sido víctimas de agresiones sexuales por parte de Michael Jackson, desde que tenían siete años. En el pasado, durante su infancia y pubertad, negaron haber sido violentados. Ahora, bordeando la cuarentena, deciden retractarse y dar sus versiones.

“Leaving Neverland”  no contrasta, no debate; ni opone ni contradice. Tampoco lo pretende. Este no es un documental de investigación. Es, más bien, un vehículo destinado a exponer dos testimonios que dinamitan la imagen de Jackson.

Por eso, es también un testimonio de parte. Y todo está al servicio de esa intención. Si en el curso de la película aparecen imágenes de archivo, están ahí solo para situar los hechos en el tiempo o para ilustrar algún dicho, pero no para abrir las puertas de los cuestionamientos o jalar los hilos de las dudas, las contradicciones o las sospechas. Lo mismo ocurre con los relatos de los otros comparecientes, familiares cercanos de los acusadores. Intervenciones que, por momentos, resultan aún más perturbadoras que las de Robson y Safechuck.

Plana como una meseta, “Leaving Neverland” permite, sin embargo, vislumbrar un asunto que apenas si se trata de modo directo: los efectos enceguecedores de la cultura de la celebridad.

Ricardo Bedoya

 

 

One thought on “Leaving Neverland

  1. Estimado maestro Ricardo Bedoya, me parece que usted ha escrito esta crítica sobre “Leaving Neverland” pensando más en el pederasta, poderoso y violador Jackson que en sus muchas víctimas. Sólo dos han sido valientes (aunque sean cuarentones, no hay fecha de caducidad para eso o si?) Ellos han hablado por lo muchos que aún están en silencio. Patricia Garrido

Añdir un comentario a Patricia Garrido Cancelar respuesta

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*
*
Website