Dumbo

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A diferencia de la película animada de Disney, el “Dumbo” de Tim Burton no será una película para recordar. Es agradable y destacan Michel Keaton y Danny deVito, pero es convencional en su tratamiento, y carece de verdadera emoción.

Tim Burton no está en su mejor momento, y eso no es culpa de Disney, como se ha dicho. Aquí todo luce desganado o desteñido, pese a que la historia de “Dumbo”, el elefantito orejón y volador, tenía los ingredientes esenciales del cine de Burton, desde la marginalidad y el abandono del personaje, a pesar de su excepcionalidad, hasta la extravagancia del circo, la fascinación por las maquinarias productoras de la ilusión (como en “La gran aventura de Pee-Wee” o “Ed Wood”) y la abundancia de esos seres “raros” o diferentes por los que siempre sintió una solidaria atracción. A lo que se agrega la mirada sardónica sobre el empresario que llega para arrasar con la tradición del pequeño espectáculo trashumante.

Pero todo eso termina desperdigado. Ni los “freaks” del circo se convierten en auténticos personajes ni se apunta el drama de la separación de Dumbo y su madre, que queda como un dato argumental más. Y desaprovecha el paralelo del desamparo del elefante con el problemático crecimiento de los niños protagonistas, que han enfrentado la pérdida de la madre, la separación del padre y su regreso sin gloria. El costado dramático se resume en la opacidad del tratamiento fotográfico, que elige la clave luminosa intermedia, distanciándose así de la tradición de colores chirriantes del cine circense.

Los mejores pasajes de “Dumbo” aparecen sin que lo esperemos y se desvanecen de pronto. Como las imágenes de las animales salvajes de la “Isla de la pesadilla”, ese lugar oscuro donde acechan las bestias de la noche. Es como el país del Halloween enfrentado a los espíritus festivos de las almas nobles.

Pero esas brevísimas visiones de lo siniestro son reemplazadas por los vuelos del elefante digital, que son los grandes despliegues espectaculares bajo la carpa.

A propósito de las imágenes de Dumbo encaramado y con temor de volar. Pocas cosas tan desternillantes como la comparación hecha por un crítico local de ese elefantito con el James Stewart mirando al vacío en “Vértigo”. De antología.

Ricardo Bedoya

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