La casa que Jack construyó: una nota de Isaac León Frías

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El viaje al BAFICI y el trabajo acumulado a mi regreso impidieron que escribiera un texto sobre “La casa que Jack construyó″ para este blog. La nota de Ricardo le hace justicia a una película mayoritariamente mal tratada, injustamente mal tratada. Es verdad que Lars von Trier es una figura polémica y que ha tenido frases, actitudes y conductas, no precisamente enaltecedoras.

Es verdad que sus películas instalan (a veces quieren ser eso, películas-instalaciones, un poco como las de Syeberberg o Greenaway) componentes narrativos o audiovisuales “extremos”, desde el peculiar “diseño urbano” de “Dogville” hasta las mutilaciones de “Anticristo”, sin descontar la “arquitectura cadavérica” de la película recién estrenada. Sin embargo, la crítica abusa de las descalificaciones de pretencioso, narcisista, autocomplaciente, misógino, etc. que necesitan estar muy bien sustentadas en el análisis para tener un buen asidero, Si no, son simples adjetivos. Y eso vale también para realizadores que están motivando esas calificaciones como Yorgos Lanthimos, Roy Andersson o el mismo Michael Haneke.

“La casa que Jack construyó″ puede ser desagradable, incómoda o perturbadora, pero eso no la hace ni mejor ni peor. Admito que la propensión “totalizadora” que suele tener Von Trier lo hace pasar con frecuencia de esa límite que lleva a la insistencia o una cierta retórica del exceso. Su última película no está libre de ese plus, de ese “más allá” que el danés tiende a magnificar. Lo que no quita, que con toda su frialdad y ese carácter obsesivo que personaje central y mirada de la cámara trasmiten, casa uno de los cinco “incidentes” tenga una ejecución muy peculiar y creativa, más aún en un terreno (el de los asesinatos) que tanto se ha prodigado en el cine de siempre, y sobre todo el de las últimas décadas.

Puede que la metáfora de la “katabasis” final sea demasiado elocuente, pero no se le puede negar poder visual e imaginativo.

Es prudente tratar de despojarse de los preconceptos o de los gustos (y disgustos) frente a la obra de un realizador para abordar cada nueva película como una experiencia distinta. No es fácil, pero se puede hacer el intento sin el riesgo de morir.

Isaac León Frías

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