Festival Al Este 2019: Atardecer

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Ojalá que “Atardecer”, de László Nemes, pueda volver a proyectarse. Luego de dos funciones canceladas, sería atractivo poder volver a ver una de las mejores películas- junto con “El elefante sentado quieto”- de esta edición del Festival Al Este.

Como en “El hijo de Saúl”, su anterior película, Nemes pone su cámara en la espalda de su personaje principal en una suerte de seguimiento “semisubjetivo” (para decirlo como François Niney), y convierte la ciudad de Budapest, durante el ocaso del Imperio Austro Húngaro, en un laberinto de callejuelas y plazas, de ambientes de la clase alta y de bajos fondos.

Son lugares más que vistos, entrevistos. Sitios que aparecen fragmentados, difusos, desenfocados, pero en los que penetra el personaje de Irisz (Juli Jakab), esa mujer que quiere conocer su pasado, despejando los enigmas familiares. Su búsqueda la acerca a la percepción, también incierta y vaga, de un mal que se expande.

Es el retrato del fin de un mundo, pero no ofrecido a la manera de un fresco. Todo aquí está filtrado por la mirada, a veces ingenua y desconcertada, de la protagonista. Tan desconcertada como nuestra propia mirada, ya que descubrimos al mismo tiempo que ella los hechos que van ocurriendo. Nemes se niega a ofrecer una visión abarcadora de ese universo en descomposición. En “Atardecer ” no encontramos planos objetivos de referencia ni picados omniscientes. Todo está ceñido a ese punto de vista que atraviesa por los ambientes de arriba y de abajo, todos contaminados por el mismo miasma.

Fanáticos, alucinados, nobles corruptos, nacionalistas radicales, anarquistas, burgueses cómplices de la decadencia. Los personajes que se mueven en este mundo son variopintos y todos aportan a la catástrofe que llegará. Tal vez una debilidad que se le puede reprochar a “Atardecer” es el afán por redondear una parábola crepuscular que no necesitaba de los retoques del trávelin por la trinchera. Las acciones ya nos habían conducido ahí desde mucho antes.

Ricardo Bedoya

 

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